ATRAPABULOS

¿Cuántas veces hemos escuchado que los humanos somos los únicos mamíferos que tomamos leche en todas las etapas de la vida?

Y sí, no es ningún bulo, aunque aquellos que la pronuncian generalmente lo hacen con objeto de defender la teoría de que no debe ser bueno o correcto en el caso de los mamíferos. Pero pensemos, beber leche durante toda nuestra vida es solo una de tantas otras cosas en las que los humanos tenemos exclusividad: también nos vestimos, conducimos, cultivamos nuestros alimentos vegetales, criamos ganado… De esta última actividad precisamente fue de donde nació esa costumbre, cuestionada por algunos, de beber leche diferente a la humana, y que permitió a la humanidad la modificación genética que hoy hace posible que disfrutemos de este alimento tan completo a lo largo de toda la vida.

¿Y qué pudo pasar para que hace 5.000 años nuestros ancestros comenzasen a tomar leche sin que fuese un problema para ellos? Algunas teorías dicen que, una vez descubierta la ganadería, y ante la imposibilidad de conseguir otro tipo de alimento en determinadas épocas del año, ya sea por escasez o inclemencias, los humanos encontraron la forma de obtener leche de su ganado, es decir, inventaron el ordeño, y recurrieron a la ingesta de este líquido blanco que, sin que ellos fueran conscientes, les aportaba gran cantidad de los nutrientes que necesitaban. Además, un reciente estudio apunta a que en la prehistoria también se tuvo que recurrir a la leche animal para alimentar a los niños; de hecho, se han encontrado vasijas, con la forma de pequeños botijos, que parece ser tenían este cometido y que contienen restos de leche en su interior[i].

Ya sea por estas razones u otras tantas más, tuvieron lugar mutaciones genéticas, y así la especie humana comenzó a desarrollar la capacidad de mantener la producción de lactasa (la enzima que escinde la lactosa en glucosa y galactosa, más fáciles de digerir) una vez terminada la etapa de lactancia materna, y al mismo tiempo aparecieron modificaciones en la microbiota intestinal. Estos cambios lograron que los humanos pudieran consumir leche una vez concluida la lactancia materna. Y para nosotros es una suerte, puesto que en la leche tenemos un aliado en la alimentación, uno de los pilares de una dieta equilibrada y saludable.

Tal y como declara la FAO, “la leche de origen animal puede desempeñar un papel importante en las dietas de los niños en poblaciones con bajo nivel de ingestión de grasas y acceso limitado a otros alimentos de origen animal”[ii], así como que “la leche y los productos lácteos tienen un enorme potencial para mejorar la nutrición y los medios de subsistencia de cientos de millones de personas pobres de todo el mundo”. Menos mal que los humanos somos los únicos mamíferos que podemos tomar leche durante toda nuestra vida.


[i] Dunne J, Rebay-Salisbury K, Salisbury RB, Frisch A, Walton-Doyle C, Evershed RP. Milk of ruminants in ceramic baby bottles from prehistoric child graves. Nature. 2019;574(7777):246–8.

[ii] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Composición de la leche.  Disponible en: http://www.fao.org/dairy-production-products/products/composicion-de-la-leche/es/ [Acceso 03/12/2019].

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